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Hormigas sin fronteras

Author: Margarita Sánchez
Language: Spanish
ISBN: 84-95683-16-4
Price: 2,00 €
File size: (Hormigas.pdf) 402 Kb.

(3 mujeres y 5 hombres. Se puede representar con 3 mujeres y 1 hombre).
Ilustrado con fotografías en color de la representación de 1997.
Musical para niños a partir de 6 años.
Tres mujeres obreras se sienten explotadas y deciden buscarse la vida por su cuenta. Después de pasar por divertidas peripecias, afrontar con desenfado situaciones clave para su desarrollo personal y social, y buscar por distintos caminos; encuentran el que más les satisface.
Excerpt

Hormigas sin fronteras

ANGELINA  Buenos días, Don Luciano.

D. LUCIANO  (Acosándola). Vamos, vamos... Angelina. Rápido a su puesto... Bonita mañana, ¿verdad? (Intenta dar una palmada en el trasero que Angelina esquiva con gran destreza).

ANGELINA  Don Luciano. No empecemos. Cuidado con esa mano.

D. LUCIANO  (Riendo como un ogro). ¡Jua, jua, jua, jua, jua...!

CHIRUCA  (A D. Luciano). ¡Buenas...!

D. LUCIANO  Buenos días, Chiruca.

 

(Violeta llega frente a D. Luciano corriendo).

 

VIOLETA  ¡Ya estoy aquí!

D. LUCIANO  ¡Violeta! Es que siempre tiene que ser usted la última. ¿Qué se propone, acabar con mis nervios?

VIOLETA  (En otro aparte al público). Todos los días la misma cantinela, y yo siempre le respondía lo mismo. (Violeta va a empezar una frase, pero la interrumpe D. Luciano).

D. LUCIANO  ¡Silencio! Ocupe su puesto.

 

(Cuando Violeta entra, se sitúa al lado de sus compañeras. Las botellas dispuestas para su limpieza, aparecen en escena. D. Luciano activa la palanca para que la cadena se ponga en marcha).

 

D. LUCIANO  Preparadas, listas, ¡ya!... (Ríe como los ogros). ¡Jua, jua, jua, jua, jua, jua…!

 

(La cadena de montaje se pone en funcionamiento. Chiruca, Violeta y Angelina comienzan su trabajo. D. Luciano desaparece momentos después, no sin antes dejar caer una de esas frases que aprendió de su padre, o de su abuelo).

 

D. LUCIANO  «La puntualidad es la clave y el éxito del trabajo en armonía». Lo decía mi abuelo, que, después de mi padre, era el hombre más listo del mundo. (Desaparece de escena).

CHIRUCA  Igualito que su abuelo y que su padre, o sea, un antiguo.

VIOLETA  Sí, un antiguo, pero con un coche bien moderno.

ANGELINA  El de siempre.

VIOLETA  De eso nada, monada.

CHIRUCA  ¡Quééé! Cuenta, cuenta...

VIOLETA  Ayer lo vi paseando con un descapotable rojo grandísimo. Tan grande que casi no le llegan los pies a los pedales.

ANGELINA  Don Luciano es el dueño de esta fábrica y se lo puede permitir.

VIOLETA  Pues yo soy dueña de unas tierras y no tengo coche.

CHIRUCA  ¿¡Ah, sí...!?

VIOLETA  Una herencia de mi abuela en Berenjenal de las Altas Torres, junto a un nogal, tres pinos y un platanero de Virginia. Un día ahorraré, diré adiós a la fábrica, y me iré a vivir allí.

ANGELINA  A este paso nos haremos viejecitas y todavía estaremos trabajando para Don Luciano sin haber ahorrado ni una gorda.

CHIRUCA  Para ahorrar hace falta ser tan tacaño como Don Luciano. El otro día lo vi apoyado en una columna frotando una moneda contra otra, así que le pregunté: «¿Qué hace Don Luciano?» ¿Sabéis qué me contestó? «Pues, ya ves, aquí... gastando dinero...». (Las tres ríen el chiste y en ese momento aparece D. Luciano).

D. LUCIANO  ¿Puede saberse qué les hace tanta gracia?

ANGELINA  No era nada, Don Luciano, estábamos charlando.

D. LUCIANO  (En tono marcial). Señoritas: Tres, tres palabras rezan en el escudo de fundación de esta fábrica desde los remotos tiempos de mi abuelo: «Seriedad, disciplina, y entrega». Estas tres palabras han servido para consolidar el funcionamiento de la empresa a través de dos generaciones.

VIOLETA  Pero Don Luciano, si...

D. LUCIANO  (Hace cuentas en su calculadora interrumpiendo a Violeta). Un minuto de charla equivale a tres botellas menos cada hora, que multiplicadas por ocho horas de trabajo diarias, sumarían veinticuatro. Veinticuatro botellas multiplicadas por trescientos sesenta y cinco días que tiene el año nos dan un total de ocho mil setecientas sesenta botellas de menos en la producción anual. ¿Se dan cuenta de lo que eso significa traducido a pesetas?

CHIRUCA  Pues yo, la verdad, me he perdido.

D. LUCIANO  Significa que ha llegado el momento de incidir en los aspectos más representativos de los nuevos sistemas de producción que regulan el mercado laboral y empezaremos por el control del rendimiento y de gastos.

VIOLETA  Y eso, ¿qué quiere decir?

D. LUCIANO  Que deberemos apretarnos el cinturón.

CHIRUCA  ¡Claro!, ¡cómo usted tiene tirantes!

D. LUCIANO  Hay que satisfacer las necesidades del cliente. Ése es el lema de nuestra empresa.

ANGELINA  (Al público). Lo que quería decir en realidad Don Luciano es que a partir de entonces trabajaríamos más y cobraríamos lo mismo, pero con otras palabras. Ese mismo día la cadena empezó a ir un poco más deprisa.

CHIRUCA  Con tanto trabajo llego tan cansada a casa que no tengo ganas ni de escribir a mi novio.

ANGELINA  No sabía que tenías novio.

VIOLETA  Yo tampoco.

CHIRUCA  Ni yo. Es que es un novio muy raro. Nos hemos hecho novios por correo. Sólo nos escribimos cartas, pero es más interesante... Estudia en la Facultad de Albañilería y Letras y me manda unos planos más bonitos...

VIOLETA  ¿Cuándo piensas conocerle?

CHIRUCA  No lo sé. Todavía es pronto. Además, yo no le cuento exactamente la verdad. Le he dicho que soy enfermera y cuido de niños enfermos.

ANGELINA  ¿Por qué?

CHIRUCA  Para hacerme la interesante.

ANGELINA  Pues eso es justamente lo que yo haré algún día y no me las doy de interesante.

VIOLETA  Pues para cuando venga tu novio seguro que mi cosecha de tomates estará muy crecida y os invitaré a casa para que los veáis.

CHIRUCA  Los tomates no son para ver, son para comer.

VIOLETA  Pero yo los tengo plantados en unos tiestos, los riego y los veo germinar, no me los como. ¡Están más bonitos! También pienso plantar altramuces, calabacines y judías verdes. Me encanta la naturaleza. (A Angelina). ¿De qué te ríes?

ANGELINA  Como si la naturaleza fuera tres tiestos en un balcón.

VIOLETA  Oye, cada uno hace lo que puede.

CHIRUCA  Y si se planta un percebe... ¿brotarán más percebes?

VIOLETA  ¡Qué burra eres! Como oiga eso tu novio.

CHIRUCA  (Sigue hablando sin advertir la presencia de D. Luciano que acaba de aparecer en escena. Violeta y Angelina a través de señas intentan avisarla, pero no se da cuenta). Era una broma, no soy tan tonta. Aquí el único percebe que ha brotado de un árbol es Don... (Disimula) don, ding, don, ding, don.

D. LUCIANO  Pongo en su conocimiento, que a partir de ahora, y debido al volumen de trabajo, tendremos que incrementar el ritmo de la cadena.

ANGELINA  ¿Más?

D. LUCIANO  Por lo tanto, las animadas charlas matinales, tendrán que reservarlas para la hora del almuerzo.

CHIRUCA  Pero Don Luciano, si ya vamos más deprisa que de costumbre.

D. LUCIANO  Pues me temo que tendrán que hacer un esfuercito. Corren tiempos de crisis y si no queremos reducir la plantilla debemos producir más y mejor.

CHIRUCA  ¡Ni que todavía estuviésemos en la Edad Media!

ANGELINA  (Al público). Naturalmente no estábamos en la Edad Media, pero Don Luciano estaba dispuesto a retroceder en el tiempo todo lo que hiciera falta para conseguir sus propósitos, y al día siguiente la cadena empezó a funcionar a un ritmo frenético.

CHIRUCA  Oye, esto va muy rápido, ¿no os parece?

VIOLETA  Sí.

ANGELINA  Sí.

CHIRUCA  Desde luego, a este ritmo Don Luciano va a poder comprarse un par de coches más.

 

(Cruzan miradas, pero el ritmo les impide hablar).

 

ANGELINA  Esto no tiene ninguna gracia.

VIOLETA  No doy abasto.

CHIRUCA  ¡Madre mía!

ANGELINA  No puedo, no puedo, no puedo...

 

(D. Luciano hace aparición en escena).

 

D. LUCIANO  Así, así. Da gusto verlas trabajar, como decía mi padre: «La entrega y la buena disposición en el trabajo dignifica al hombre».

CHIRUCA  Pues debe ser a los hombres, porque a las mujeres nos viene fatal.

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