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Estoy reunido
Fantasía dramática en ocho reuniones y un final feliz

Author: José María Rodríguez Méndez
Language: Spanish
ISBN: 84-95683-38-5
Price: 2,00 €
File size: (EstoyRES.pdf) 335 Kb.

(2 hombres).
Primera edición. Obra escrita en 2004.
Ilustrada en color y negro.
Encuentros entre Lope de Vega y el autor en los que pasean por el madrileño barrio de las letras, por la historia, el tiempo, el teatro español…
Excerpt

Estoy reunido

El barrio de las letras madrileño aparece dorado por el sol de la tarde. Se nota el paso de los siglos y se percibe como un susurrar de voces antiguas y pasos trémulos por las calles de Huertas, Lope de Vega, Cervantes y otras gloriosas figuras que lo habitaron. Figuras que hoy se han trocado en ancianos caducos reveladores de la senil sociedad española. Viejos y viejas que van a comprar al supermercado y que parecen extraños pajarracos, entre los niños que salen de colegio y los obreros de la construcción que se mueven sigilosos como una amenaza para el barrio a punto ya de derrumbarse.

Allá por uno de los caserones aledaños a la iglesia y convento de las Trinitarias vemos a un anciano de los muchos que se guarecen tras aquellos muros. Está durmiendo la siesta, acurrucado en una butaca frailuna, la cabeza cana caída, el respirar trémulo, parece recordarnos al maestro Cervantes.

Vanse cubriendo las paredes de sombras y de entre esas sombras parece surgir un hombre con figura de espátula, alto de mediana edad, cuyo rostro de ojos profundos y buenos bigotes nos recuerda a otra de las figuras que habitaron en el barrio en aquellos tiempos gloriosos en que la lengua española sonaba con su potente tono sereno y hasta agresivo. Parece oírse también un eco de vihuelas y clavecines.

El individuo que ha surgido de las sombras viste de época actual como el viejo adormecidos, aunque en la manera de terciarse la capa española que lleva y la bufanda puesta al desgaire parece recordarnos el viejo jubón y la no menos vieja gorguera. En fin, para terminar, deberemos decir que el individuo que acaba de entrar en el salón donde duerme el anciano no es otro que el que acabamos de citar, es decir el señor don Lope Félix de Vega Carpio, el gran Fénix de los Ingenios, que vivió en el mismo barrio y cuya casa es aún visitada por los fieles de la literatura.

 

LOPE DE VEGA  (Observando primero al Viejo adormilado con cierta sonrisa burlona). ¿Otra vez en brazos de Morfeo? (Dándole un buen tantarantán con el que casi le derriba de la butaca). ¡Que ya es horaaa, que ya han pasao las burras de leche...!

VIEJO  (Despertándose de pronto). ¿Eh, qué? Pero… ¿Quién es? ¿Quién está aquí?

LOPE DE VEGA  Yo. ¿Quién va a ser?

VIEJO  ¿Tú?

LOPE DE VEGA  Yo... ¿Quién va a ser?

VIEJO  (Restregándose los ojos). Pero no... No puede ser…

LOPE DE VEGA  ¿Cómo que no? ¿Cómo que no puede ser?

VIEJO  No puede ser... Tú no...

LOPE DE VEGA  No ¿qué?

VIEJO  ¿De dónde has salido tú?

LOPE DE VEGA  (Prepotente). «De mis soledades vengo»…

VIEJO  (Radiante). Entonces tú eres…

LOPE DE VEGA  El mismo que viste y calza. Soy tu vecino Lope Félix de Vega y Carpio... Vecino, amigo y colega... Despiértate y mírame... A ayudarte vengo, pues no has parado de llamarme…

VIEJO  ¿Llamarte yo? ¿Yo te he llamao? ¿Cuándo te he llamao yo?

LOPE DE VEGA  ¿Cuándo? Siempre. Pregúntame mejor cuándo has dejao de llamarme... Ahora mismo lo hacías entre sueños. Pero es que durante toda tu puñetera vida no has hecho otra cosa que llamarme... Llamarme y llamarme siempre... Pues no tienes cansaos mis oídos de tanto llamarme... Siempre con lo mismo... «Maestro, ¿cómo puedo terminar esta comedia?» «Maestro, ¿cómo voy a empezar este drama?» «Ayúdame, maestro»...

VIEJO  Sí es verdad... Es verdad que te he estado invocando continuamente... Sí lo reconozco, admirado maestro mío...

LOPE DE VEGA  Claro y por eso llega un momento en que no he tenido más remedio que venir a ayudarte. De la eternidad vengo, para que lo sepas... Para ayudarte a entrar en ella y dejes de molestarme...

VIEJO  Oh qué alegría tan grande... Entrar en la eternidad del brazo contigo... Pero no, no, no soy digno...

LOPE DE VEGA  Venga ya no digas bernardinas, que no es pa tanto, macho. Tú como yo somos un par de cabroncetes por si no te has enterao... Claro está que también somos colegas y madrileños...

VIEJO  Sí, sí y váyase lo uno por lo otro...

LOPE DE VEGA  Pero por supuesto que yo soy mejor profesional que tú...

VIEJO  Oh eso sí, claro que sí, señor...

LOPE DE VEGA  Bueno, bueno... No tan claro, compadre, porque me envía quien me envía y tendrás que hablar claro... Así que déjate de bernardinas, porque ya sabes que allá arriba se sabe todo y no me vas a engañar tú ahora... Porque has de tener en cuenta, como bien tú sabes, que además yo soy sacerdote...

VIEJO  Ah sí claro, sacerdote...

LOPE DE VEGA  Sacerdote, sí, aunque indigno, pero sacerdote siempre y reconciliado por la misericordia de Dios... (Declamatorio).

«Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro,

y la cándida víctima levanto,

de mi atrevida indignidad me espanto»…

(Se pasa la mano por la frente). Ya casi no me acuerdo de todo aquello... Si vieras, amigo, cómo le cambia a uno la eternidad...

VIEJO  Yo me arrodillaré ante ti, para que me escuches en confesión, porque me arrepiento de todas mis faltas y pecados...

LOPE DE VEGA  Y no sólo de tus faltas y pecados, sino también de muchas veleidades y de tantas caídas prosaicas y miserables…

VIEJO  No soy digno de estar en tu presencia, ni soy digno de que me acojas con esa bondad, oh Fénix de los Ingenios...

LOPE DE VEGA  Vaya mi absolución por delante. Y ahora, señor don José María Rodríguez Méndez vamos a hablar, a hablar largo y tendido...

 

(De rodillas el Viejo y don Lope marcando sobre él el signo de la cruz, formula y recita la absolución. Las sombras de la noche se van tragando a las dos figuras de las letras).

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